Hacer ejercicio físico de forma regular es un hábito que debe estar presente en un estilo de vida saludable. Todos conocemos los infinitos beneficios que nos aporta y las ventajas que aporta para la piel. Bien es sabido que el sudor que expulsamos al realizar deporte, nos elimina impurezas y exfolia la piel de forma natural. El problema radica en que hay ocasiones en las que este sudor puede provocar o incrementar el acné.

El sudor, el principal problema

El sudor se mezcla con las células muertas, la suciedad exterior y el sebo, dando lugar a que los granitos aparezcan de una forma habitual, tanto en la cara como en el cuerpo. Este tipo de acné no está relacionado con el hormonal, sino que suele darse por el roce con la camiseta, las mochilas, las gorras, la ropa interior ajustada, tocar las máquinas, limpiarnos con la misma toalla de gimnasio, etc…
Es un acné propio de deportistas y que se reconoce porque el exceso de sudor tapa el folículo piloso (parte de la piel en la que crece el vello). ¿Qué deportista no suda y se le mezcla con las células muertas, la suciedad y los protectores solares que use? Es normal que aparezcan este tipo de granitos si no tenemos precaución.

¿Se puede evitar la aparición de acné por el deporte?

Seguro que se te viene a la mente como el primer consejo para prevenir el acné cuando entrenar. Sí, el maquillaje. Es mejor hacer deporte sin nada de maquillaje, o al menos usar bases ligeras y minerales.
La ropa también es importante. Usa tejidos transpirables para que no acumule humedad y suciedad a la misma vez. Recuerda que estos dos puntos son fuertes influyentes en el problema.
Cuando hacemos deporte al aire libre, es fundamental usar protectores solares minerales. Si usamos unos resistentes al agua, el sudor se verá obligado a acumularse y su eliminación no será del todo correcta. Esto derivará en una acumulación de toxinas en los poros.

Lo ideal es ducharnos cuanto antes para no dar lugar a que la suciedad penetre en los poros y empiecen a formarse granitos. En caso de no poder, sécate el sudor con una toalla limpia (¡no la que usas para las máquinas del gimnasio) y lávate las manos.