Hace tiempo te contamos todos los beneficios que aporta este probiótico de forma general, pero cada vez es más común ver a personas que no saben decidirse entre el kéfir de agua o de leche. Ambas bebidas aún siguen siendo muy desconocidas para la mayoría de la población, a pesar del interesante valor nutricional que poseen.

Hoy te enseñamos a diferenciar entre ambos tipos de kéfir, por si has probado uno y no te termina de convencer su sabor.

¿Qué es el kéfir de leche?

Es el tipo de kéfir más conocido. El kéfir de leche es una bebida con grumos y con un sabor un poco agrio, que tiene unas propiedades perfectas para mejorar nuestro sistema inmunológico, reforzar los procesos digestivos y reducir la alergia y la intolerancia a la lactosa.

El kéfir de leche se obtiene mediante la fermentación de la leche por cultivos de kéfir. Su fermentación es bastante rápida (24-48 horas), y la bebida debemos conservarla en frío no más de un mes.

En concreto, el de leche de vaca nos aporta (por cada 100gr):

  • 70 kcal
  • 3’7 gr de grasas (de los cuales 2’5 saturadas)
  • 4’3 gr de hidratos de carbono (de los cuales 3’7 son azúcares)
  • 3’4 gr de proteínas

No es una bebida demasiado calórica y aportan muchísimos nutrientes, el problema está en confundir esta bebida con el agua. Con el kéfir de leche podemos llegar a alimentarnos, así que debes tener cuidado con no sobrepasar tus ingestas de nutrientes o subirás de peso sin darte cuenta. Además, todo lo que tu cuerpo tarda en digerir grandes cantidades, contrarresta sus beneficios probióticos.

¿Y el kéfir de agua?

Si has probado el de leche y no te gusta el sabor, no creas que el de agua es insípido. También es una bebida agria y con un color oscuro debido a la  fermentación de la fruta o de azúcar de caña.
Según dicen los expertos, sus efectos son mejores que los del kéfir de leche, llegando a mejorar los resfriados o la anemia.

En este caso, su fermentación también es rápida (si las condiciones así lo permiten), pero tiene una duración mucho menor (entre 3 y 5 días).

En cuanto al contenido nutricional por cada 100 gr:

  • 8 kcal
  • 0 gr de grasa
  • 2 gr de hidratos de carbono (de los cuales 2 son azúcares)
  • 0 gr de proteínas

Su digestión es muchísimo más rápida que el de leche, por lo que se aprecia mejor el poder probiótico.

Entonces, ¿cuál es mejor?

Partiendo de que ambos nos aportan beneficios en la salud, es cierto que el kéfir de agua puede salir ganando. Si se compara con otro probiótico lácteo (yogures o kéfir), nos damos cuenta de que no contiene lácteos ni lactosa. Y además es libre en azúcar y edulcorantes, por lo que es la mejor opción frente a algún refresco.

Si no tienes problemas con los lácteos, puedes incluir el de leche como un alimento líquido, pero no como una bebida.