El kéfir es un producto lácteo muy parecido al yogurt, pero que contiene muchísimos más probióticos saludables para tu organismo. Dependiendo del consumo que tengas, puede ser de leche o de agua. En ambos casos no presenta problemas para personas con intolerancia a la lactosa; y si eres vegano, el kéfir de agua será tu mejor apuesta.

Historia del kéfir

Para llegar a su origen, debemos retroceder muchos siglos atrás, cuando a los pastores de las montañas del Cáucaso almacenaban la leche en recipientes de cuero donde fermentaba generando un yogurt agrio gaseoso.
Inicialmente, se elaboraba fermentando leche de camello; luego se pasó a la leche de yegua, y posteriormente a la leche de cabra y vaca.

Los mulsumanes de la zona del Cáucaso creían que el kéfir o, como ellos lo llamaban: “Los granos del Profeta Mahoma”, perdían todos sus beneficios si lo utilizaban personas de otras religiones. Incluso, algunos escritos cuentan que se condenaba a muerte a quien revelase el secreto de la bebida a otras extranjeros, ya que estaba considerado un regalo directo de Alá.

Durante el siglo XX, el profesor Menkiv dedicó su vida al estudio del kéfir. Aseguraba que, en las zonas donde se ha consumido este alimento desde siempre, eran inexistentes las enfermedades como el cáncer, la tuberculosis o los desarreglos intestinales.

Beneficios que nos aporta

Al ser un probiótico natural, el kéfir ayuda principalmente a los problemas digestivos. Los microorganismos vivos que contiene se alojan en nuestro intestino, reforzando las paredes y ayudando a mantener un equilibrio de las bacterias intestinales. Y, aunque la fuente de probióticos más conocida es el yogur, el kéfir contiene aún más probióticos: casi 30 microorganismos diferentes.

Es también un gran aliado para combatir y retrasar la osteoporosis. Esta enfermedad se caracteriza por dañar el tejido óseo, pero si elaboramos kéfir con una leche rica en grasa; obtendremos una fuente excelente de calcio y vitamina K2. Asimismo, varios estudios afirman que es capaz de aumentar la absorción de calcio en los huesos y aumentar la densidad ósea.

Por si fuera poco, es capaz de protegerte frente a algunas infecciones bacterianas y reducir la posibilidad de sufrir ataques de alergia o asma. Esto es debido a que cuando tenemos un episodio de alergia, nuestro cuerpo produce respuestas inflamatorias ante cuerpos externos. Así, el kéfir es capaz de parar esas respuestas.

Por último, destacar que inhibe el crecimiento de células cancerígenas. Sus probióticos pueden reducir el crecimiento y formación de compuestos cancerígenos y así inhibir el crecimiento de tumores.

¿Debemos tener precauciones?

No olvidemos que el kéfir es sano en un consumo moderado, como todos los alimentos. No debemos abusar pensando que sus propiedades mágicas tendrán mayor efecto en nuestro organismo. Es recomendable que la ingesta sea supervisada por un nutricionista o experto en alimentación, cuyos consejos nos orientaran mejor.

Lógicamente, no podemos tomar kéfir si notamos algún olor desagradable y siempre debemos comprar el que nos aporte una garantía de calidad. Es importante también que no lo congeles para que no pierda gran parte de los microorganismos beneficiosos.

Además, si estás embarazada o estás lactando es aconsejable que no lo tomes, a modo de precaución.