Cuando llevamos un estilo de vida sedentario y una dieta poco saludable, nos empeñamos en hacer pequeños cambios para intentar mejorar. Es común que las personas con obesidad o sobrepeso tengan presentes los refrescos en algunas de sus comidas. A la hora de someterse a una dieta para perder peso, muchos sustituyen los refrescos normales por aquellos que son sin azúcar. Te contamos a continuación si realmente son una buena opción o si nos hacen engordar de igual manera.

Tomar bebidas edulcoradas está relacionado con padecer obesidad

Según esta investigación, no importa demasiado si los refrescos son con azúcar, light o sin azúcar. El problema radica en que el consumo de bebidas edulcoradas favorece la aparición de obesidad y sobrepeso.
Este tipo de bebidas contienen una alta cantidad de edulcorantes artificiales utilizados como sustituto perfecto del azúcar, pero en ningún momento se ha comprobado que aporten mejores beneficios a cuidar nuestro peso o regular la glucosa en sangre. Y, por supuesto, no deberíamos sustituir el consumo de agua por los refrescos para hidratarnos.

Pero si no tienen calorías, ¿por qué nos aumentan de peso?

Existen varias razones para dejar de consumir refrescos sin azúcar, a pesar de que no tengan calorías.

  • Problemas digestivos. Se ha demostrado que la alta cantidad de edulcorantes pueden aumentar la absorción de azúcar en el intestino. Por si fuera poco, se producen cambios en las bacterias de nuestro intestino y las hacen crecer de forma menos saludables.
  • Favorecen el aumento de apetito. A pesar de que no contienen azúcar, pueden crear secreción de insulina de igual manera. Esto provoca que nuestro azúcar en sangre disminuya y tengamos sensación de hambre.
  • Nos conformamos con compensar. Seguro que también has visto a alguien que se ha pedido un menú de comida rápida, pero con refresco sin azúcar. Entramos en un engaño hacia nosotros mismos, en el que intentamos compensar las calorías que no ingerimos en la bebida con las que sí tomamos en la comida.
  • Solemos tomar más calorías. Al pensar que no ingerimos calorías con la bebida, nos damos más caprichos con el pensamiento de que nos hemos “ahorrado” unas cuantas antes. Ya no es solo que consumamos más calorías, sino que no somos conscientes de los efectos dañinos en el intestino y en el organismo.