Quizá seas tú o un amigo el que presume de nunca tener frío en las épocas de temperaturas bajar. Pero no estás solo. Una quinta parte de la población mundial tiene una resistencia superior a las temperaturas más frías gracias a una mutación genética, lo que les permite no sentir el frío nunca, según revela un estudio.

Los investigadores del Karolinska Institutet, en Suecia, hicieron que 32 hombres sanos de entre 18 y 40 años se sentaran en agua a 14 grados centígrados hasta que su temperatura corporal bajase a 35’5° C. Luego midieron la actividad eléctrica muscular y tomaron biopsias musculares de los voluntarios para estudiar su contenido de proteínas y composición de fibra.

Los músculos pueden protegerte del frío

La proteína α-actinina-3, que se encuentra en las fibras de contracción rápida dentro de los músculos, está ausente en el 20% de las personas y su ausencia las hace mejores para mantener la temperatura. Estos sin la proteína tenían más fibras musculares de contracción lenta, lo que sugiere que el tipo de activación continua de baja intensidad que se encuentra en esta alternativa a la versión más rápida de una fibra muscular es energéticamente más eficaz para generar calor.

A su vez, esto permite que la persona sin la proteína controle su calor de manera más eficaz que alguien que tiene la proteína y más fibras de contracción rápida.

Los investigadores del estudio creen que esta variante genética puede haber protegido a los humanos modernos contra el frío cuando emigraron de África hace más de 50.000 años. Según el estudio, se cree que alrededor de 1.500 millones de personas en todo el mundo portan la variante hoy, lo que aumenta la tolerancia a los climas más fríos.

El coautor principal Håkan Westerblad dijo: “Nuestro estudio muestra una mejor tolerancia al frío en personas que carecen de α-actinina-3, lo que habría sido una ventaja de supervivencia evolutiva al trasladarse a climas más fríos. Nuestro estudio también destaca la gran importancia del músculo esquelético como generador de calor en los seres humanos«.

Los hallazgos sugieren que esto se debe a que la deficiencia de α-actinina-3 aumenta la tolerancia al frío al aumentar su tono muscular y conduce a músculos de contracción más lenta. Cuando se sumergieron en agua fría durante el experimento, las personas con la variante tuvieron un aumento en el tono muscular en lugar de temblar. La pérdida de esa proteína está causada por la variante de pérdida de función del gen ACTN3 y se volvió más común a medida que más humanos se trasladaban a ambientes más fríos.

hombre paseando con frío

¿Cómo afecta el déficit de proteínas en el rendimiento?

Aunque esta deficiencia de proteínas no está relacionada con enfermedades musculares, afecta al rendimiento durante las actividades de potencia y velocidad. El cambio se hizo más prominente a medida que los humanos comenzaron a trasladarse a climas más fríos, lo que los investigadores utilizan como argumento de por qué pueden mejorar la tolerancia al frío.

Para probar esta idea, los investigadores sumergieron a 42 hombres sanos de 18 a 40 años con la variante LOF o ACTN3 en funcionamiento en agua a 14°C. Los hombres permanecieron en el agua durante períodos de 20 minutos, interrumpidos por pausas de diez minutos en el aire a temperatura ambiente. La exposición al agua fría se continuó hasta que la temperatura rectal alcanzó los 35’5ºC, o durante un total de dos horas más cincuenta minutos de pausas.

Los que tenían la variante genética, 7 de cada 10 pudieron mantener su temperatura corporal por encima de 35,5 ° C durante el período completo de exposición al agua fría. Sin embargo, solo tres de los que no tenían la variante pudieron hacerlo.

De media, la pérdida de esta proteína resultó en la mitad de la tasa de disminución de la temperatura en el recto y en el músculo de la pantorrilla. Las personas con la variante también mostraron un cambio hacia fibras musculares de contracción más lenta, lo que provocó un aumento en el tono muscular en lugar de temblar durante la inmersión.

Por el contrario, los individuos sin la variante tenían más fibras musculares de contracción rápida, lo que duplicó la tasa de actividad de estallido de alta intensidad. La superior resistencia al frío de las personas con la variante no estuvo acompañada de un aumento en el consumo de energía. Esto sugiere que la activación continua y de baja intensidad de las fibras musculares de contracción lenta es una forma energéticamente eficaz de generar calor.