No es ninguna novedad que la exposición crónica a la contaminación del aire está asociada con un mayor riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. No obstante, ahora, un estudio realizado en Taiwán sugiere que tus ojos también podrían verse afectados, sobre todo si es mayor.

¿Cuáles son los gases que más afectan?

Los investigadores analizaron a casi 40.000 personas de más de 50 años que participaron en un estudio basado en la población entre 2000 y 2010. Calcularon la exposición de cada persona a contaminantes como el dióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono, ambos comunes en zonas urbanas que experimentan mucho tráfico, para ver si existía una conexión entre la contaminación y la degeneración macular relacionada con la edad. Esta enfermedad generalmente aparece después de los 50 años e implica inflamación y degeneración de la parte central de la retina. Es decir, lleva a un deterioro visual irreversible.

Lo que encontraron es que aquellos con una mayor exposición a estos contaminantes tuvieron un gran nivel de degeneración macular. De hecho, aquellos con el nivel más alto de exposición al dióxido de nitrógeno tenían un 91% más de probabilidades de desarrollarlo que aquellos con la menor exposición, y aquellos expuestos a la mayor cantidad de monóxido de carbono tenían un 84% más de probabilidades de obtener un diagnóstico de degeneración macular.

¿Qué podemos hacer si nos gusta pasear por zonas urbanas?

Si te gusta pasear por zonas urbanas, lo más recomendable es evitar montar en bicicleta o correr durante las horas que más tráfico exista. Los resultados del estudio muestran que el riesgo solo ocurrió en personas que viven con una mayor cantidad de contaminación. Por lo que si se puede reducir esa exposición, el riesgo puede reducirse significativamente.

Sin embargo, si eres un deportista que le gusta recorrer la ciudad, es posible que tengas una capacidad limitada para cambiar tu recorrido en determinados momentos. En ese caso, existe una simple solución a corto plazo que puede ayudar a tus ojos: cubre tu boca con una máscara que filtre partículas o una bufanda densa.
Tanto el dióxido de nitrógeno como el monóxido de carbono se transportan principalmente al ojo a través de la sangre. Los ojos necesitan abundante circulación sanguínea para suministrar nutrientes y llevar productos de desecho, por lo que el truco está en mantener los contaminantes fuera del torrente sanguíneo.

La mejor manera es asegurándonos de no inhalarlos. Cuando los gases contaminantes entran por la boca y la nariz, son transportados a través del sistema respiratorio y al torrente sanguíneo. Al taparnos la cara, sobre todo la boca, podemos limitar significativamente la cantidad que entra en el organismo y, posteriormente, a los ojos.