Hay muchas razones para prestar atención a tu ingesta de vitamina D: los huesos son más saludables, hay más masa muscular magra, mejor condición aeróbica y un sistema inmunológico mejorado. ¿Una razón más para tomar (con cuidado) un poco de sol? Un estudio reciente, publicado en la revista Aging Clinical and Experimental Research, sugiere que los bajos niveles de esta vitamina pueden desempeñar un papel en la cantidad de personas afectadas por COVID-19.

Analizando 20 países europeos, los investigadores compararon los niveles promedio de vitamina D, el número de casos de COVID-19 para cada país y las tasas de mortalidad. Descubrieron que los países con niveles más bajos de vitamina D, como Italia y España, también tienen altas tasas de mortalidad por el virus.

Aunque esos dos países son conocidos por sus climas soleados, las personas en el sur de Europa, en particular las personas de edad avanzada, tienden a evitar pasar tiempo al sol. Por supuesto, la correlación no es igual a la causalidad. Pero esta investigación no es el único estudio reciente que sugiere una conexión entre la vitamina D y COVID-19. Un equipo de investigación de la Universidad Northwestern acaba de publicar otro estudio preliminar que también sugiere que la variación dramática en las tasas de mortalidad por virus en las poblaciones podría tener vitamina D como factor.

La limitación con estos estudios es que la vitamina D no se mide en pacientes con COVID-19, anotaron los investigadores, pero estudios previos sobre la vitamina y su papel en la salud inmunológica proporcionan algunas asociaciones fuertes.

Específicamente, el estudio de Northwestern sugiere que la vitamina D puede reducir la gravedad del COVID-19 al suprimir una «tormenta de citoquinas», que ocurre cuando la respuesta inmune se vuelve tan agresiva que causa la muerte celular y aumenta la susceptibilidad a las infecciones agudas del tracto respiratorio.

¿Cómo saber si tienes deficiencia de Vitamina D?

¿Por qué la vitamina D en particular?

Es porque esta vitamina específica es una fuente inagotable de efectos protectores.

Aproximadamente el 3 por ciento del genoma humano está bajo el control de esta vitamina. Esta influye en tu respuesta inmune «innata y adaptativa», y los receptores de la vitamina se encuentran en muchas células involucradas en la defensa inmune, como las células B, las células T y los macrófagos, que son todos tipos de glóbulos blancos que trabajan para proteger su cuerpo contra enfermedades y dolencias.

Sobre la cantidad que necesitas diariamente para aumentar todos esos efectos, eso aún está en debate. La cantidad diaria recomendada es de 600 unidades internacionales (UI), pero la Sociedad Endocrina sugiere consumir niveles potencialmente mucho más altos de 1.500 a 2.000 UI diarias.

Puedes obtener un impulso de los alimentos que son ricos en este micronutriente, como el salmón, el atún, los huevos y los champiñones. También verás la vitamina agregada a la leche, porque hace que el calcio en los lácteos se absorba más fácilmente.

Alternativamente, puedes confiar en el viejo modo de espera: el sol. En general, solo necesitamos alrededor de 10 a 20 minutos de sol al día para obtener nuestra dosis diaria. Lo mejor es ponerse el sol en los hombros, los brazos o las piernas en lugar de la espalda o la cara: el primero aumenta el riesgo de cáncer y el segundo aumenta el riesgo de arrugas y manchas. Los dermatólogos recomiendan un SPF de 30 o más que bloquea los rayos UVA y UVB y contiene óxido de zinc o dióxido de titanio en los ingredientes, más una nueva aplicación cada dos horas.

No importa cuál sea tu fuente, puede ser una buena idea concentrarte en aumentar tu vitamina D en este momento, y teniendo en cuenta los beneficios, tal vez también sea una prioridad en el futuro.