Con la llegada del verano, la mayoría de nosotros nos preocupamos por la imagen de nuestros pies. Las sandalias y estar descalzo en la playa nos deja en evidencia si tenemos unas uñas feas, callos o cualquier otra ocurrencia poco favorecedora. Recurrimos a limas, piedras pómez y cremas hidratantes para dejarlos los más perfectos posibles. Sin embargo, podríamos llevar años equivocados, ya que un nuevo estudio, publicado en la revista Nature, nos ha hecho replantearnos este hecho.

Callos, ¿sí o no?

Estamos todos de acuerdo en que visualmente son una aberración, pero esta investigación liderada por investigadores de la Universidad de Harvard y la Universidad Tecnológica de Chemnitz, demuestra que los callos en los pies protegen las plantas de los pies de las personas que andan descalzas, y no suponen ningún inconveniente en la sensibilidad o la marcha.

De hecho, está muy de moda usar calzados minimalistas que respeten la pisada natural. La mayoría de los zapatos con suela de almohadilla reducen la sensibilidad y alteran la pisada de nuestros pies. Todo esto tiene una repercusión en las articulaciones, y podría acabar dañándonos. En cambio, los zapatos con suelas finas, rígidas y sin acolchado, como los mocasines o las sandalias, podrían aportar una protección y sensibilidad más parecida a la que otorgan los callos.

«El objetivo no fue encontrar aplicaciones en el calzado o las plantas del pie, sino conocer realmente cómo evolucionaron nuestros cuerpos«, explica uno de los autores. Los resultados del estudio apoyan la hipótesis de que los callos en la planta de los pies no alteran la percepción táctil. «Para nosotros fue una gran satisfacción ya que en la comunidad este hallazgo es y será discutido con gran controversia«.

Andar descalzo para favorecer a los callos

Los callos gruesos aparecer naturalmente en personas que suelen caminar descalzas, ofreciendo una mayor protección en superficies incómodas o resbaladizas. Es cierto que algunos zapatos modernos ofrecen una protección parecida, pero disminuyen la capacidad de percibir los estímulos táctiles.

La investigación se realizó con los pies de 81 adultos kenianos y 22 estadounidenses. Lógicamente, los callos suelen ser más gruesos y duros en las personas que normalmente pisan descalzas que en aquellas que van siempre con zapatos. La investigación asegura que el grosor de los callos no altera en la sensibilidad de los nervios del pie, además es capaz de aportar más energía en las articulaciones. 

«Hasta donde sabemos, la función del callo en relación con la capacidad sensorial del pie humano nunca ha sido probada, especialmente desde un punto de vista antropológico«.