Antes de la menopausia, las mujeres tienen un riesgo menor de enfermedad cardiovascular que los hombres, pero eso cambia después de pasen por la transición. Aunque la razón no se comprende completamente, un nuevo estudio en The Journal of Physiology ofrece una posibilidad: los cambios hormonales reducen la capacidad de las mujeres para formar pequeños vasos sanguíneos en sus músculos, lo que aumenta el riesgo de afecciones cardiovasculares y especialmente de diabetes tipo 2.

Afortunadamente, sugieren los investigadores, esto no tiene por qué ser inevitable, porque el ejercicio a corto plazo puede ayudar, después de la menopausia, pero especialmente antes de ella.

Los investigadores observaron dos grupos de mujeres: 12 tenían entre 59 y 70 años y cinco tenían entre 21 y 28 años. Ambos grupos se sometieron a una biopsia muscular del muslo antes de comenzar, y luego entrenaron durante un período de ocho semanas utilizando bicicletas de spinning de intensidad moderada a alta.

El grupo más joven que comenzó a hacer ejercicio antes de llegar a la menopausia mostró un aumento en la cantidad de capilares, o vasos sanguíneos pequeños, en el tejido del músculo esquelético al final del período de estudio, mientras que el grupo mayor no lo hizo. Los capilares, que ayudan a que el azúcar y la grasa se absorban en los músculos para un uso más eficiente como combustible, también tienen un efecto sobre la resistencia a la insulina. Es por eso que tener menos capacidad para desarrollar otros nuevos podría generar problemas cardiovasculares.

Beneficios de hacer ejercicio después de la menopausia

Sin embargo, eso no significa que el ejercicio posmenopáusico pase desapercibido. En el estudio, aunque no mostraron un crecimiento capilar significativo, el grupo de mayor edad mejoró su capacidad de ejercicio en un 15 por ciento. Eso, en sí mismo, es un impulso cardiovascular.

El vínculo entre la pérdida de estrógenos, que ocurre durante la menopausia, y los cambios negativos en los vasos sanguíneos está bien establecido. Un estudio anterior sugirió que algunos de los principales síntomas de la menopausia, como los sofocos y los trastornos del sueño, pueden estar relacionados con este proceso de envejecimiento vascular.

Las principales limitaciones del estudio actual son el pequeño tamaño de la muestra y el corto período de tiempo. Aún así, es un comienzo prometedor que podría conducir a un estudio más amplio que examine los posibles impactos a largo plazo de los cambios en los vasos sanguíneos durante la perimenopausia o la transición a la menopausia.

Mientras tanto, es difícil superar la conclusión de que incluso unos pocos meses de entrenamiento regular podrían tener un efecto profundo en la salud del corazón, tanto ahora como en el futuro.