Un equipo de investigadores de la Universidad de Oslo ha investigado la transmisión del SARS-CoV-2 (el virus responsable de COVID-19), y si es posible que los gimnasios sean un foco de contagio. La principal conclusión de dicho estudio es que «no existe la amenaza de una mayor propagación de COVID-19 en las instalaciones de acondicionamiento físico, incluso si se lleva a cabo un entrenamiento intensivo«.

Según ha precisado el autor del estudio: «nuestro ensayo ha demostrado que la transmisión del virus o el aumento en la enfermedad de COVID-19 no está relacionada con la apertura de instalaciones deportivas«.

Gimnasios abiertos con todas las medidas de seguridad

La investigación ha estudiado a 3.764 voluntarios, con edades comprendidas entre los 18 y 64 años, que no tenían comorbilidades relevantes de COVID-19. Aproximadamente la mitad (1.896) de las personas tuvo acceso para realizar ejercicio en los gimnasios, mientras que la otra mitad (1.868), un grupo de control, no tuvo acceso.

Los primeros tuvieron acceso a cinco gimnasios, que se abrieron a partir del 22 de mayo de 2020 específicamente para el estudio, mientras que Noruega todavía estaba cerrada, y las actividades disponibles en los gimnasios incluían servicios que los clubes normalmente proporcionarían, desde sala de musculación hasta clases grupales (incluyendo spinning y yoga).

Quienes iban a este tipo de espacios tenían que cumplir con las pautas de prevención de virus elaboradas por el Instituto Noruego de Salud Pública. Estas medidas incluían el distanciamiento social (un metro para ejercicio en la sala de musculación, dos metros para clases de alta intensidad), así como una mejor higiene de manos y superficies, además de que los usuarios de todos los lugares de entrenamiento recibieron desinfectantes para que las limpiaran después de cada uso.

El personal también controló el acceso a los gimnasios, para garantizar las medidas de distancia y evitar aglomareaciones. Los vestuarios estaban abiertos, pero las duchas y saunas estuvieron cerradas.

El equipo de investigación evaluó a cada persona para conocer si tenían SARS-CoV-2 mediante muestreo naso, orofaríngeo y esputo autoadministrado después de dos semanas, y enfermedad clínica mediante la vinculación a registros electrónicos de pacientes después de tres semanas. En el grupo que entrenó en un gimnasio, el 81,8% entrenó al menos una vez y el 38,5% visitó un gimnasio seis veces o más, con el resto entre estas dos medidas.

¿Cuál es la tasa de contagio?

De los 3.016 individuos que devolvieron las pruebas de PCR SARS-CoV-2, sólo se registró un caso positivo. De todos modos, aunque la persona que dio positivo formaba parte del «grupo de deportistas», no había visitado las itnalaciones antes de que la prueba saliera positiva y el seguimiento del contacto de seguimiento reveló que aquella persona había sido infectada en su lugar de trabajo.

Durante el estudio de tres semanas, no hubo visitas ambulatorias o ingresos hospitalarios debido a COVID-19 en ninguno de los grupos.

En su conclusión, los investigadores declararon: «Nuestro ensayo no mostró transmisión de virus o aumento en la enfermedad de COVID-19 relacionada con la apertura de instalaciones de gimnasio, si en éstas existía una buena higiene y rutinas de distanciamiento social.»

Cabe destacar que el estudio se realizó cuando el resto del país seguía en confinamiento. Por lo que el riesgo de contagio era mucho menor al que puede haber actualmente al acudir a un gimnasio. No obstante, las medidas básicas de higiene de manos y distanciamiento social, al asegurar una distancia de 1 a 2 metros entre las personas, se han revelado como medidas importantes y de probada eficacia en cuanto a la protección contra la transmisión del virus. Asimismo, se ha evidenciado que éstas son económicas, fáciles de aplicar y no requieren grandes recursos.