La conexión entre la baja densidad mineral ósea y el aumento del riesgo de lesiones por fracturas por sobrecarga está bien establecida. Aunque existen tácticas que ayudan a mantener los huesos sanos (uno de ellos es el ejercicio con pesas como el entrenamiento cruzado), la investigaciones recientes sugieren que el estrés podría estar frustrando algunos de esos esfuerzos.

En un estudio, publicado en el Journal of Clinical Investigation, los investigadores analizaron la conexión entre el estrés causado por el aislamiento y la concentración en la sangre de norepinefrina, un neurotransmisor y una hormona que forma parte de la respuesta al estrés del cuerpo y que desempeña un papel en la frecuencia cardíaca y la presión de la sangre.

Cuando la noradrenalina permanece elevada, disminuye los marcadores osteogénicos, los compuestos naturales en su sistema que afectan el desarrollo del tejido óseo, como el colágeno, y eso puede conducir a una formación reducida de hueso, comentaron los investigadores.

Basándose en la investigación de modelos de ratones, observaron datos sobre personas colocadas en un hábitat aislado que imitaba una estación espacial, y encontraron que a medida que aumentaba la ansiedad, la densidad ósea comenzaba a disminuir.

Una conclusión aquí es que tomar medidas para reducir la cantidad de estrés en tu vida diaria puede traer una mejor salud ósea, además de todos los otros beneficios de un estrés más bajo como la resistencia emocional, una mejor función cardiovascular y cognitiva y una inmunidad más fuerte.

¿Cómo reducir los niveles de estrés crónico?

Hay muchas formas de reducir los niveles de estrés, pero con este estudio reciente en mente, quizás la mejor sea concentrarse primero en la calidad del sueño. Eso se debe a que la noradrenalina juega un papel importante en el ciclo de sueño-vigilia, y dormir más puede ayudar a regular esa hormona y otras, como el cortisol y la melatonina, que trabajan juntas para mantenerte encaminado.

Nuestros relojes internos, y mantenerlos configurados correctamente, afecta más que lo bien que dormimos. Puede tener un efecto sobre la digestión, el estado de ánimo, el rendimiento del ejercicio y otros factores.

Todo eso se convierte en un efecto dominó,. Por ejemplo, se ha demostrado que el ciclismo y otros ejercicios son un importante destructor del estrés, y lo mismo ocurre con la salud intestinal. El sueño puede mejorar ambos, y eso se convierte en un bucle: a medida que aumentas el ejercicio y la digestión, duermes mejor, lo que lo ayuda a tener más energía para tu próximo entrenamiento y mejora la función intestinal. Y a lo largo del tiempo, desarrollarás huesos más fuertes y reducirás el riesgo de lesiones.