Realizar ejercicio no solamente genera beneficios físicos; no es la primera vez que hablamos de las ventajas que puede generar para ayudar al funcionamiento del cerebro de una manera más óptima, y es que una nueva investigación presentada en la reunión anual de la Sociedad para el Estudio del Comportamiento Ingestivo en Utrecht confirma que el entrenamiento puede modificar las hormonas y reducir la sensación de hambre.

¿Cómo influye el entrenamiento en la sensibilidad a la insulina?

En el estudio participaron 21 adultos sedentarios, obesos y con sobrepeso, quienes realizaron ocho semanas de ejercicio durante una hora, tres veces a la semana al 80% de su pico de VO2. Dividieron esa hora en 30 minutos de ciclismo y 30 minutos de carrera.

Antes y después de las ocho semanas, los investigadores les hicieron resonancias magnéticas para analizar los cambios en el cerebro. También analizaron la grasa y el tejido muscular, además de tomar muestras de sangre y sensibilidad a la insulina en todo el cuerpo y en el cerebro. La sensibilidad a la insulina se refiere a la manera en la que tu cuerpo reacciona a la insulina, que es una hormona que absorbe el azúcar de la sangre para usarla como energía. Cuando se altera esta sensibilidad, se necesita cada vez más insulina para absorber el azúcar, y puede comenzar a acumularse en la sangre, lo que aumenta el riesgo de prediabetes y diabetes.

La insulina también tiene un papel fundamental en el metabolismo, el apetito y el hambre, llegando a ser una señal importante para el cerebro sobre el estado nutricional actual de nuestro cuerpo. Es decir ayuda a determinar si debemos comer o dejar de comer; por eso, las personas con mejor sensibilidad a la insulina pueden absorber mejor el azúcar y parecen tener menos hambre.

Así es cómo se «hackean» tus hormonas

Los investigadores encontraron que después de ocho semanas de entrenamiento, un área del cerebro en particular (el núcleo estriado), mostró una mayor sensibilidad a la insulina. Después del entrenamiento, la respuesta cerebral de una persona con obesidad se parecía a la respuesta de una persona con peso normal.
Es decir, en el estudio se muestra que el ejercicio puede ayudar a controlar el peso de otra manera, además de simplemente aumentar la quema de calorías. Ahora se sabe que puede ayudar a regular la sensación de hambre.

De hecho, cuanto mayor es la mejora en la función cerebral, más grasa abdominal pierde una persona durante el entrenamiento. Los investigadores también descubrieron algunos beneficios extras, como que el ejercicio aumentó el flujo sanguíneo en áreas del cerebro importantes para el control motor y los procesos de recompensa, lo que puede mejorar la cognición y el estado de ánimo.

Los hallazgos de esta nueva investigación pueden ser especialmente útiles para personas que se encuentran al inicio de una rutina de ejercicios. Aquellos con niveles más altos de insulina se beneficiaran más si comienzan a ejercitarse. Esto debería ser una motivación para todos aquellos a los que les cuesta levantarse del sofá para ir a moverse.