Algunas personas pueden escuchar algo una vez y recordarlo durante años, mientras que otros necesitan algunos recordatorios para que la información se mantenga. Se ha relacionado una buena memoria con numerosos factores, como tener bajos niveles de inflamación en todo el cuerpo y obtener una gran cantidad de antioxidantes. Ahora, un estudio reciente publicado en la revista Brain. agrega uno más a la lista: un buen aporte de sangre a tu cabeza.

Investigadores alemanes reclutaron a 47 personas, de entre 45 y 89 años, y utilizaron imágenes de resonancia magnética (IRM) de alta resolución para examinar el suministro de sangre al hipocampo, un área pequeña en el cerebro que se considera el «centro de control» de la memoria. Los participantes también fueron analizados en el rendimiento de la memoria, la capacidad de concentración y la comprensión del habla.

Se descubrió que veinte de los participantes tenían alteraciones en los vasos sanguíneos en sus cerebros que afectaban el suministro de sangre al hipocampo. Este grupo también obtuvo puntuaciones más bajas en las pruebas cognitivas, lo que llevó a los investigadores a concluir que el suministro de sangre y oxígeno a través de los vasos sanguíneos podría tener un efecto significativo en la función de memoria.

Este estudio muestra un vínculo claro entre el suministro de sangre al hipocampo y el rendimiento cognitivo. Es decir, el flujo sanguíneo cerebral podría desempeñar un papel clave en la disminución del rendimiento de la memoria causada por la edad o la enfermedad.

Se cree también que otros factores de estilo de vida, como el ejercicio, podrían influir en la formación de vasos sanguíneos que abastecen el hipocampo, así como en la eficiencia de cómo transportan la sangre a esa área.
Se necesitará más investigación para confirmar esa posibilidad, pero estudios anteriores sugieren que cuando el ejercicio bombea la sangre, hay una parte que termina en el cerebro, y ese efecto puede ser beneficioso para mejorar la función cognitiva.

Un pequeño estudio de 2011, con mujeres mayores, encontró que caminar a paso ligero durante 30 a 50 minutos tres o cuatro veces por semana mejoró el flujo sanguíneo al cerebro hasta en un 15%. Esos investigadores notaron que la sangre no solo trae oxígeno y otros nutrientes al cerebro, sino que también elimina los desechos metabólicos como la proteína beta amiloide, que ha sido implicada en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Otro estudio concluyó que el ejercicio puede prevenir o retrasar el deterioro cognitivo al mejorar la tasa de atrofia cerebral y el flujo sanguíneo. No importa qué mecanismos estén en juego, está claro que aumentar los niveles de actividad física beneficia más que solo a los músculos: también puede ser un refuerzo cerebral importante.