Es bien sabido que el ejercicio es un gran refuerzo del metabolismo, pero puede ser aún más eficiente de lo que se pensaba hasta hace poco para ayudarnos a quemar grasa y convertir los alimentos en energía, según un nuevo estudio en Cardiovascular Research.

Los investigadores midieron alrededor de 200 metabolitos (las sustancias producidas durante los procesos metabólicos, que indican cómo responde el metabolismo al ejercicio) en la sangre de 52 soldados jóvenes, antes y después de un programa intensivo de entrenamiento aeróbico y de fuerza durante 80 días.

Descubrieron que, en comparación con estudios anteriores, hubo cambios dramáticos en muchos metabolitos. Según el autor principal del estudio, John O’Sullivan, estos cambios indican que el ejercicio constante hizo que los músculos usaran mucho más combustible, predominantemente grasa, de lo que se pensaba anteriormente.

La posibilidad de ver estos cambios era debido al nivel de control en la muestra de participantes. Como todas las personas estudiadas estaban en entrenamiento militar, posiblemente tenían la misma dieta y patrones de sueño, incluso aproximadamente la misma edad, índice de masa corporal (IMC) e incluso nivel socioeconómico.

Al eliminar el «ruido» de la señal que podría venir con las diferencias individuales, la magnitud de los cambios observados fue mucho mayor que la informada anteriormente. Se vieron mayores cambios en el combustible utilizado por el músculo esquelético, como los cuerpos cetónicos y los ácidos grasos. Pero también vimos muchas otras adaptaciones, como los cambios en los mediadores de la salud vascular y la descomposición de las proteínas.

Los cuerpos cetónicos, que son compuestos producidos cuando las grasas se metabolizan, y los ácidos grasos, como las grasas saturadas e insaturadas, disminuyeron drásticamente en la circulación, como resultado de una mayor absorción en los músculos. Esto ayuda al cuerpo a usar la proteína de manera más efectiva, y eso conduce a una mejor función vascular y pérdida de grasa con el tiempo. También se sorprendieron al ver cambios en los metabolitos intestinales relacionados con el microbioma y los mediadores de la coagulación sanguínea.

El ejercicio es un factor clave de los programas de prevención cardiovascular en todo el mundo, lo que hace imperativo que comprendamos la verdadera magnitud de los beneficios metabólicos relacionados con los efectos sobre los lípidos, una sustancia en las células compuesta de triglicéridos, grasas saturadas e insaturadas, y esteroides, entre otros componentes: presión arterial y grasa corporal. Los efectos metabólicos también influyen en cómo el cuerpo usa la insulina.

No obstante, el estudio tiene limitaciones en términos de recomendaciones generales, considerando que solo se estudiaron hombres jóvenes y en buena forma física, y ​​que no se evaluaron diferentes regímenes de ejercicio. Aun así, la investigación muestra evidencia convincente de que el ejercicio puede ser un poderoso acelerador del metabolismo para cualquier persona, además de aportar otros efectos positivos como la frecuencia cardíaca, el peso, el porcentaje de grasa corporal y la presión arterial.