¿Alguna vez has pensado en si comer a horas raras durante el fin de semana puede tener algún efecto en nuestro cuerpo? Esta incógnita ha querido desvelarla un nuevo estudio de la Universidad de Barcelona, que ha concluido que la irregularidad en los horarios durante los fines de semana (eating jet lag) podría estar relacionada con un aumento en el índice de masa corporal.

Los datos, publicados en la revista Nutrients, se obtuvieron independientemente de factores como la calidad de la dieta, el nivel de actividad física, el jet lag social (la diferencia en los horarios de sueño durante el fin de semana) o el cronotipo (la disposición natural a un determinado horario de sueño y vigilia). Aunque el IMC no es un marcador fiable para conocer si una persona está saludable o no, se demostró que el mayor impacto se produce cuando existe una diferencia de horarios de 3’5 horas o más entre las comidas de fines de semana y resto de días.

¿Por qué es importante la regularidad en las horas de comer?

Según los investigadores, es el primer estudio que demuestra la importancia de la regularidad en los horarios de las comidas (también en los fines de semana) para el control del peso. Aseguran que podría ser un elemento a tener en cuenta como parte de las pautas nutricionales para prevenir la obesidad.

En los últimos años, se ha demostrado que el cuerpo asimila de manera diferente las calorías dependiendo de la hora del día. Por ejemplo, comer o cenar tarde se ha relacionado con un mayor riesgo de obesidad. Según los autores, «esta diferencia está relacionada con nuestro reloj biológico, el cual organiza temporalmente nuestro organismo para asimilar y metabolizar las calorías que consumimos durante el día«. Por la noche, en cambio, «prepara al cuerpo para el ayuno que se produce mientras dormimos«.

«En consecuencia, cuando la ingesta tiene lugar de una manera regular, el reloj circadiano asegura que en el organismo se pongan en marcha las vías metabólicas para asimilar los nutrientes. Sin embargo, cuando se ingieren alimentos en una hora inusual, los nutrientes pueden actuar sobre la maquinaria molecular de los relojes periféricos (fuera del cerebro), alterando su horario y, por lo tanto, modificando las funciones metabólicas del organismo«.

En este estudio, los investigadores han analizado la relación entre el índice de masa corporal y la variabilidad en los horarios de las comidas en el fin de semana respecto al resto de días. Utilizaron un nuevo marcador que engloba los cambios en los horarios de las comidas (desayuno, comida y cena) durante los fines de semana: eating jet lag, un término inventado en esta investigación.

«Nuestros resultados indican que cambiar los horarios de las tres comidas durante los fines de semana está asociado a obesidad. El mayor impacto sobre el IMC se produciría cuando tenemos una diferencia de horarios de 3’5 horas o más. A partir de este punto, es cuando el riesgo de obesidad podría verse incrementado«.

Existe una rotura entre el horario del organismo y el social

Para explicar la relación entre el eating jet lag y la obesidad, los investigadores sugieren que cada fin de semana los individuos se someten a una ligera cronodisrupción, que es una falta de sincronía entre el tiempo interno del organismo y el social.

«Nuestro reloj biológico es como una máquina, y como tal está preparado para desencadenar la misma respuesta fisiológica o metabólica a la misma hora del día, cada día de la semana. Unos horarios definidos de alimentación y sueño ayudan a mantener la organización temporal del organismo y a promover la homeostasis energética. Por tanto, las personas que tienen una mayor alteración de horarios serían más propensas al sobrepeso y a la obesidad«.

«Además de la dieta y el ejercicio, que son dos pilares en el tratamiento de la obesidad, también se deberían tener en cuenta factores como la regularidad en el horario de las comidas, ya que hemos comprobado que tiene un impacto en nuestro peso corporal«.eating jet lag