Las personas mayores que se mantienen activas, incluso a baja intensidad, pueden tener cerebros más grandes que aquellos que son más sedentarios. Esta investigación preliminar estaba programada para ser presentada en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología el 25 de abril, pero la actualidad manda y fue cancelada debido al brote de coronavirus global.

Utilizando imágenes de resonancia magnética (MRI), los investigadores observaron a 1.557 personas con una edad media de 75 años. Ninguno tenía demencia, pero casi 300 tenían un deterioro cognitivo leve, como una disminución de la memoria y las habilidades de pensamiento, y el 28% tenía el gen que está vinculado a un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. A los participantes se les realizaron pruebas de memoria y exámenes físicos, y se les pidió que informaran sobre sus niveles diarios de actividad.

Los investigadores descubrieron que las personas que eran más activas tenían un volumen cerebral total más grande en comparación con aquellos que informaron de menores cantidades de actividad. Aquellos que tenían un volumen cerebral total más pequeño tenían el equivalente de casi cuatro años de envejecimiento cerebral en comparación con aquellos que tenían un volumen cerebral total más grande.

¿Cuál es la ventaja de tener un cerebro más grande?

En pocas palabras: una mejor función. Según el autor del estudio, Yian Gu, estudios recientes han indicado que un mayor volumen cerebral puede estar asociado con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Esto se mantuvo independientemente del tipo de actividad, intensidad o duración. Parecía que simplemente moverse a diario era lo que le daba al cerebro un impulso regular. La explicación exacta de por qué no está clara en este momento, pero lo más probable es que esto implique la reducción de la inflamación y la liberación de ciertas moléculas protectoras que ayudan con el crecimiento y la supervivencia de las células cerebrales.

Eso se suma a estudios anteriores que muestran otros beneficios del ejercicio en el cerebro. Por ejemplo, un pequeño estudio de 2011 en mujeres mayores encontró que caminar a paso ligero durante 30 a 50 minutos, tres o cuatro veces por semana, mejora el flujo sanguíneo al cerebro hasta en un 15%. Otro estudio de 2015 concluyó que el deporte puede prevenir o retrasar el deterioro cognitivo al mejorar la tasa de atrofia cerebral y el flujo sanguíneo.

El deporte también puede reducir la acumulación de beta amiloide en el cerebro, un signo revelador de la enfermedad de Alzheimer, según un estudio de 2019, en el que los investigadores sugirieron que los médicos deberían considerar recetar ejercicio aeróbico, como sus paseos regulares en bicicleta, como parte de la prevención de la demencia y el Alzheimer.