Si haces una mueca como un niño que traga jarabe para la tos cuando te proponen comer coles de Bruselas, es posible que tengas el ADN de un «súper catador«, un genotipo que hace que los químicos amargos en estos alimentos tengan un sabor prácticamente intolerable, según investigaciones recientes de las sesiones científicas de la American Heart Association 2019.
Todos heredamos dos copias de un gen de sabor llamado TAS2R38. Las variantes particulares con las que naces determinan cómo de sensible eres o no al sabor amargo de ciertos químicos como los glucosinolatos, que comúnmente se encuentran en vegetales crucíferos como las coles de Bruselas, el repollo y el brócoli.

Las personas que heredan dos copias de una variante llamada AVI no son sensibles al sabor amargo. Los nacidos con una copia de AVI y una copia de otra variante llamada PAV perciben los sabores amargos de estos químicos, pero no necesariamente se encuentran abrumados por ellos. Sin embargo, las personas con dos copias de PAV encuentran los mismos alimentos muy amargos.
Además, de estos vegetales, existen otros alimentos como el café, el chocolate negro o la cerveza, que también pueden desencadenar ese sabor demasiado amargo.

«Estamos hablando de un nivel amargo que puede arruinar el día de alguien«, dijo la autora del estudio, Jennifer L. Smith. Quizás, como era de esperar, esa percepción amarga que destruye el día, evita que estos súper catadores consuman sus verduras diarias recomendadas.

El sabor amargo reduce las posibilidades de consumir verduras

Cuando los investigadores analizaron cuestionarios de hábitos alimentarios de 175 personas (con una edad media de 52 años y siendo más del 70% de mujeres), encontraron que los encuestados con el genotipo PAV tenían más de dos veces y media más probabilidades de consumir menos cantidad de vegetales que aquellos sin la variante.

El estado de sabor amargo no influyó en la cantidad de sal, grasa o azúcar que comieron los participantes, lo que demuestra que aquellos con la variante no toman más potenciadores del sabor para compensar el sabor amargo de otros alimentos. En el futuro, los investigadores esperan usar información genética similar para descubrir qué especias pueden atraerles para hacerles comer más verduras.

No obstante, se pueden algunas técnicas de cocción y condimentado para atenuar la amargura y resaltar la dulzura de las verduras crucíferas. Aunque odies el brócoli por culpa de tu ADN no debes olvidarte de sus beneficios cardiovasculares y de la lucha contra el cáncer. Los vegetales asados ​​o caramelizados convierten más cantidad de carbohidratos en azúcares, lo que resalta su dulzura natural. Pon tus verduras menos favoritas en una sartén, rocíalas con aceite de oliva y vinagre balsámico, agrega un poco de sal y pimienta y ásalas.

También puedes untarlos con mantequilla. La grasa hace que todo sea delicioso, ¿no? En este caso, una capa de grasa puede ayudar a suprimir el sabor amargo de las verduras. Incluso, también ayuda a tu cuerpo a absorber los antioxidantes liposolubles que se encuentran en muchas de estas verduras. Rocía tus verduras amargas con un poco de mantequilla o aceite de oliva.

Si todo lo anterior no te convence, comer verduras no tiene por qué ser un camino de espinas. Apuesta por vegetales más dulces. Prueba verduras como la lechuga, judías verdes, calabacín, guisantes, zanahorias o pimientos, por ejemplo.