Caminar a un ritmo pausado puede parecer una estrategia antiestrés ideal, pero si tu velocidad habitual es lenta y constante, podría ser un indicador de que estás envejeciendo más rápido que alguien con una marcha más rápida. A todos nos molesta tener delante a alguien que anda excesivamente lento y no permite adelantar, pero ahora parece que tenemos un motivo más.

Una nueva investigación, publicada en JAMA Network Open, utilizó datos de un estudio a largo plazo que recopiló información de salud sobre más de 900 neozelandeses durante un período de 40 años, que comenzó cuando los participantes tenían alrededor de 3 años. En abril de este año, los investigadores volvieron a evaluar la velocidad de la marcha, enfocándose en el 20% más lento y el 20% más rápido a lo largo de tres condiciones de caminata: su marcha habitual, su ritmo normal mientras recitan en voz alta letras alternativas del alfabeto y su velocidad de marcha máxima.

Tu velocidad de caminata puede crear una gran diferencia intelectual

La velocidad se determinó utilizando una pasarela electrónica GAITRite, un sistema que proporciona análisis de la marcha e identifica anomalías. A diferencia de una cinta de correr, este dispositivo, que parece una esterilla de yoga muy larga, se coloca en el suelo y cuenta con sensores de presión que pueden medir la velocidad y los patrones de caminata.

Los caminantes más lentos promediaron 1’21 m/segundo, o aproximadamente 4’3 km/hora, en las tres condiciones, mientras que los caminantes más rápidos promediaron 1’75 m/s, o 0’6 km/hora.

También se evaluaron 19 biomarcadores, incluido el índice de masa corporal (IMC), la relación cintura-cadera, los niveles de colesterol, el recuento de glóbulos blancos, la salud de las encías y la aptitud cardiorrespiratoria. Finalmente, realizaron pruebas de neuroimagen para observar las características del cerebro relacionadas con la edad.

Los investigadores descubrieron que aquellos con la velocidad de caminata más lenta mostraron un envejecimiento acelerado en los diversos biomarcadores, así como una reducción en el volumen cerebral total. Eso demuestra que la velocidad de la caminata puede afectar la salud física y cognitiva.

De hecho, incluso hubo una diferencia de coeficiente intelectual de 16 puntos entre los caminantes más rápidos y los más lentos. También se consideró que los caminantes más lentos parecían significativamente mayores que los caminantes más rápidos, y obtuvieron peores resultados en las pruebas que midieron el equilibrio y la fuerza de agarre.

La rapidez con la que la gente camina en la edad adulta nos dice mucho acerca de cuánto han envejecido sus cuerpos y cerebros con el tiempo. El aspecto más notable de la investigación es que pueden observar las funciones cognitivas de los niños pequeños: cómo de bien les va en una prueba de coeficiente intelectual, el dominio del lenguaje, con cuánta facilidad manejan sus emociones, etc.

La velocidad es un indicador de la salud cerebral durante toda la vida

¿Eso significa que hay niños que están destinados a caminar lentamente y, por lo tanto, en desventaja en cuanto a salud cuando crecen? No necesariamente porque hay formas de mejorar la salud del cerebro.

Incluso acelerando tu caminata puedes tener beneficios, porque la capacidad de caminar rápidamente involucra la función y la interacción de muchos sistemas, incluidos los sistemas nervioso central y nervioso periférico, la aptitud cardiorrespiratoria, los músculos y la visión.
La velocidad de caminata de una persona depende de la función de todos estos sistemas, y una velocidad de caminata lenta puede ser una señal de envejecimiento avanzado y deterioro de la función de estos sistemas de órganos.